Despidan en mí a un tiempo del Perú cuyas raíces estarán siempre chupando jugo de la tierra para alimentar a los que viven en nuestra patria, en la que cualquier hombre no engrilletado y embrutecido por el egoísmo puede vivir, feliz, todas las patrias.
José María Arguedas

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febrero 15, 2010

Amistad

El 31 de enero nos reunimos en casa de Letra Muerta y Azul para despedir a nuestro querido amigo Crogmanon. Él partió al Cusco para trabajar en un centro educativo alternativo allá por los hermosos parajes del valle Urubamba.

Generalmente nos reunimos para celebrar cumpleaños, festejar el año con una 'vinada', pero fue la primera vez que lo hicimos para desearle suerte a un gran amigo. Justamente Shullka a los pocos días de reunidos mandó correo colectivo que creemos útil publicar.



HERMANAS Y HERMANOS, AMIGAS Y AMIGOS, TIAS Y TIOS, de las últimas reuniones (para no caer en un pantanoso y difícil recuento de años), me quedo con esta. Pasa el tiempo y nos hacemos más sabios. Pasa el tiempo y somos más importantes y más queridos entre nosotros mismos. Pasa el tiempo, el tiempo pasa y el tiempo se queda solo y nosotros más unidos que nunca, por esa ligazón mágica e inasible nuestra llamada AMISTAD.

Dónde está el secreto de cinco, diez, treinta años de relación estrecha, me preguntan amigos que se fueron y añoran lo que su nueva y quizá próspera sociedad les niega. Dónde está la clave para que el paso de los años no melle el vigor de nuestra cercanía entusiasta, me preguntan amigos jóvenes, impresionados, anhelando que el futuro les depare lo mismo.

Cómo hacen para que eso suceda, se preguntan los taxistas que nos regresan a casa, admirados y despiertos de la modorra lechucera por la conversa, y que se atreven a preguntar y preguntar extasiados si todavía existen seres radiantes y exultantes sólo por el hecho de cuatro o cinco horas de conversación. De una conversación, que al igual que nosotros, siendo en esencia la misma, es otra. Si hasta conmovidos, a veces nos rebajan la carrera. Como no tengo una respuesta cabal a todas esas preguntas, lo único a lo atino es decirles que nos busquen y que nos pregunten a todos.

A pesar de todo y no obstante (porque de eso también se trata), me quedo con la noche de anoche. Buen regalo le hicimos a Crogmanon y creo que a nosotros mismos.

Creo que agradecidos debemos estar todos.

Shullka
febrero 2010

diciembre 02, 2009

El pulmón de Susan

RACISMO FEED- BACK
(REVERBERANTE)

“El que la debe no la teme”, es una de las frases que más miedo provoca en el país, por contradictoria. No bien la pronuncia alguien que está potencialmente en dificultades con la justicia e inmediatamente el sujeto en mención desaparece de la escena del crimen y del escenario nacional, tragado por el tiempo, la impunidad, la falta de memoria del colectivo o por un nuevo delito, generalmente más punible.

“El que la debe no la teme”, dijo la señorita Susan Hoefken, peruana del Perú y dio la cara para aclarar el caso del robo del pulmón de la muestra El cuerpo humano: real y fascinante, que ella había denunciado; aunque, seamos precisos, después de muchos días y a regañadientes. Se tomó tantos días la señorita Hoefken en aceptar ponerse la camisa de once varas -que ella misma había confeccionado al denunciar algo que sólo ella cree- que muchos pensaban que se había fugado. Aparecido el pulmón robado, el orgullo nacional mancillado respiró aliviado.

La primera parte del affaire (el robo, la denuncia, la recompensa, la reaparición extraña del órgano, el escándalo nacional e internacional por la naturaleza del delito y la denuncia que pende sobre ella por calumnia y falsedad genérica en contra del Estado nada menos, etc.), ya fue. Otros escándalos y escandalosos, que esperaban turno, están haciendo ahora uso de su cuarto de hora de fama. Pero, el caso del pulmón robado que no fue robado, pero que si fue robado según la señorita Hoefken, frágil y respingada, treja y dueña de sí misma, promete.

Ella ha declarado, alegando su inocencia al salir de una impensada comisaría de Monterrico (sí, en Monterrico), que todos están equivocados, que los que tienen la razón no la tienen, que las evidencias que la sindican de mendaz son “invidencias” y que toda esta confabulación nacional le sucede, en conclusión, sólo por ser “blanquita”.

Los que la defienden (los hay), sostienen que el robo del pulmón existió y que, además, por esa cosa llamada “justicia divina”, el órgano robado fue devuelto a las pocas horas y sin haberse pagado recompensa alguna. Todo gracias a quién, pues a miss Susan, que tuvo el valor de denunciar sin aliento el robo de tan importante pieza, insistiendo en el hecho inclusive hoy, cuando las investigaciones dicen lo contrario.

Sus detractores en cambio (que son muchos), no le creen y sólo esperan que, en su momento, se la juzgue y condene. De esa manera, el orgullo y la reconocida honradez nacional -mancillados en todas las latitudes por una nívea y grácil señorita- quedarán finalmente reparados.

Pero, magnánimos y en las puertas del triunfo de la justicia -no obstante el apellido complicado de miss Susan- y, gracias a la contundencia de las pruebas, algunos detractores sostienen que la primeriza cometió una serie de errores, todo en aras de salvar su trabajo.
A saber: como todo lo que sube baja, según el maestro Newton (pero no para los agiotistas y usureros que venden gasolina, euros o comestibles en los mercados de abastos) pasadas la fiestas patrias y gastadas todas las divisas de la gratificación, se acabó la diversión y las gentes se fueron a sus casas. En un error de cálculo, por llamarlo de alguna manera, Susan Hoefken pensó que con el escándalo del “robo” del pulmón la gente curiosa volvería a sus boleterías cual bandada de palomas. Sin embargo, en la lógica elemental del mercado, la gente que ya aprendió tiende a exigir “más por menos”. Es decir: ya no tengo ‘grati’, las entradas cuestan igual y además hay una pieza menos por ver (o sea, el malhadado pulmón); me sobran razones para no ir; mejor veo por la televisión en que termina este caso y, encima, me sale gratis.

No obstante las condiciones objetivas para que el “robo” fuera creíble, la señorita Hoefken cometió otro error. De nuevo, a saber: el centro comercial Jockey Plaza es el punto de peregrinación obligado de la feligresía limeña y hoy se ha convertido en la Feria del Hogar de la época, donde miles de personas recorren medio Lima para ver comer y comprar a otros. En medio de esa batahola, Hoefken quizá calculó que decenas de pícaros calificaban para querer llevarse algún “recuerdo” de la muestra y así cubrir su farsa y latrocinio. Pero alguien se olvidó de poner en su lugar la cámara de seguridad volteada extrañamente (insinuándose, además, que el personal de limpieza, sería en este caso responsable. Es decir, la soga se rompería por la parte más débil), y por consiguiente no pudo grabar el “robo”, que ella denunció dramáticamente después a los cuatro vientos, como si de nuevo se hubieran robado el tumi, el cuchillo de oro ceremonial de nuestros antepasados.

El pulmón de marras, en la práctica, no tiene ningún valor quirúrgico para ser trasplantado, ni para ser preparado en los comedores ambulantes -con el humilde nombre de “bofe”- como “chanfainita”; pero su supuesto robo y denuncia, que dio la vuelta al mundo, hirió el orgullo nacional.

Las pruebas señalan que nunca hubo robo, que el pulmón nunca respiró otros aires limeños que no fueran los acondicionados de la muestra. Y tanto fue el fiasco del supuesto robo que la empresa del moderno circo de los horrores se fue sin despedirse y dejó sola, solita, sola, a Susan.

Vistas las cosas, Hoefken entiende que no tiene a nadie que la defienda y tratando de esclarecer las cosas las oscurece más; sobre todo cuando dice que “tranquilamente, armado el escándalo, hubiera enterrado el pulmón o se lo hubiera dado a comer a su perro”, muy suelta de huesos, demostrando que tiene la idea de que sin pruebas, no hay delito. Sólo que a veces nos confiamos y no sabemos calcular las consecuencias.

Con el tiempo, quizá, le devolverán la fuerte caución que le han pedido. Si la condenan, no irá a la cárcel; sólo estará prohibida de dejarse ver en playas y discotecas donde no van los que calificaban de potenciales ladrones de pulmones que de alguna manera quiso incriminar o aquellos envidiosos que la acusan "sólo por ser blanquita”.

La soberbia, dirán unos; la carencia de escrúpulos disfrazada de autosuficiencia, pensarán otros, aventuró a Susan Hoefken quizá a correr con ese riesgo que -por sus aires de princesa perturbada- parece que para ella sólo fue un ardid publicitario más que no resultó.



Si sólo hubiera esperado a que lleguen los pishtacos...






Shullka

noviembre 14, 2009

Editorial

Hoy, 14 de noviembre del 2009, nos hemos reunido en casa de Azul y Letra Muerta: más de 40 años de amistad, algunos incorporados recientemente. Hoy fuimos 14. Conversamos -como siempre- de todo y de nada. Nos agrada, por unas horas, reirnos de nosotros mismos. Burlarnos con crueldad de los exitosos y también de los fracasados (si existe acaso una auténtica medida para el éxito y la derrota en este absurdo mundo). Hay entre nosotros una comunión de íntima amistad y ciertamente honda preocupación por nuestro entorno social y cultural.

Nos duele que en el Perú nos encontremos tan enfrentados y fragmentados. Y como estamos (por nuestra edad) en la línea que se acerca a ese hermoso e inevitable acontecimiento que es la muerte creemos que es el tiempo de las síntesis.



Quintucha propuso un círculo de estudios para celebrar el centenario de José María Arguedas. Adelantó que el toro cerámico de Pucara es una clara metáfora de vida del escritor. Tuñalí propuso hacerlo -no importa la numerología de las celebraciones- con Vallejo.



Mangache propuso el primer tema arguediano: la diferencia entre el indio de comunidad y el siervo de hacienda. Y un segundo tema: JMA como segundo Garcilaso de la Vega. Ambos nos fundaron una idea de nación.

Burul saltaba de su asiento cada vez que tomábamos la palabra: "a qué nos conduce todo esto", "hay que concretar", "hay que llegar al hombre simple que quizás no entienda las exquisitices de nuestro trabajo de gabinete y torre de marfil". En falsete, Crogmanon, escéptico, brindaba.

Ante el pedido de concreción de Burul, preguntó Tuñalí si lo que proponía era tomar las armas.

A esto vino la primera apostilla de Namora:

-Sí, tomar las armas, que en el siglo XXI no son de plomo ni acero, sino las ideas con las cuales se administra la adquisición y dominio de un territorio, geográfico o virtual. Propuso el estudio de los nueve capítulos del Arte de la guerra de Tsun Tzu.


Mangache explicaba el rechazo de Garcilaso a la denominación 'despectiva' de cholo (Garcilaso reinvindica para sí la palabra mestizo, a dos aguas entre la república de españoles y la república de indios). Recordó un diálogo entre JMA y don Héctor Martínez:
-"Así como tú quiero ser: indio..."-

La segunda apostilla de Namora fue a ésta intervención de Mangache. Refirió la respuesta dada a Alejandro Ortiz Rescanieri -al verificar las fuentes orales de su libro primigenio de Adaneva a Incarrí (Retablo de papel, 1971)- por el campesino Reyes: 'ésto es así porque soy descendiente del inca-rey, yo me llamo Reyes, ñuqa indio puro kani, carago.'

(La respuesta de Reyes es 'mestiza': si la pureza india existe, ésta se está callada, siendo secuestrada su voz por voceros de diversas intenciones).


Tuñalí observó sorprendido que sus estudios de la negritud de muchos años se yuxtaponían sin violencia a los de Quintucha. Pensar al esclavo amarrado sobre el toro, en vez del cóndor del yawar-fiesta arguediano lo hace decir: ¿qué significa montar amarrado a un toro? (vid. grabado goyesco del zambo 'indio' Zevallos; cf. 'Fraicico amarrado sobre el toro', en Babá Ossaím cimarrón, ora por la santa muerta, de Cronwell Jara).

A esto Namora apostilló por tercera vez, mencionando la síntesis de Gerardo Quiroz hecha en el XVI Congreso del Hombre y la Cultura Andina y Amazónica:

-estudiemos a dos culturas andinas que tuvieron éxito frente al fracaso de una tercera: la confederación Chimú, con el mero dominio cisandino de su territorio. La Wari y la Inca manejaron con éxito las vertientes pacífica y atlántica -cisandina, interandina, trasandina- de su territorio: estaban 'montadas' literalmente sobre los lomos de los Andes.
Quizás, entender este 'montar', aún con sobresaltos, sobre lo nuevo sea la metáfora mejor de nuestra historia. Recordemos el caballo de cerámica negra (chimú-transición) de Chongoyape (colección Elvira Luza): la dentadura y los ojos humanos, agresiva actitud de embiste apoyado sólo en los cuartos traseros, llevando en los lomos un minúsculo y desproporcionado hombrecillo de cabeza-cuchimilco que con clara expresión de susto cabalga pertinaz sobre la 'nueva máquina de guerra' en un intento de dominio.

¡Cinco siglos a lomos de un territorio siempre nuevo y de una historia que se nos escapa y nos mueve el suelo!
Nos dimos cuenta de que estábamos tratando temas muy antiguos que hoy se manifiestan en un racismo contenido y también agresivamente expreso. Burul insinuó que acaso somos unos snobistas que nos montamos en discusiones de moda. Quizás debamos estudiar los orígenes para recién entendernos.
Empezaremos por el principio: ñawpa pachapi... (en tiempos antiguos...).

Buscaremos esa síntesis en Garcilaso, en Mariátegui, en Vallejo, en Arguedas, en Basadre... en todos los pensadores que no han honrado con sus ideas. Sin embargo, también buscaremos esa médula en el latido del pueblo. Y como dijo alguna vez una de nuestras hijas, para decir la verdad hace falta mucho valor, pero también hace falta mucho valor para escucharla.
En ese intento estamos.